Por Mónica Moreno , 7 octubre 2026 

Os voy a confesar algo que solo mis personas más cercanas saben.

Ya de niña, los olores, los ruidos y, según el contacto físico, como las palmaditas repetitivas, hacían que algo dentro de mí encendiera un interruptor. Mi cuerpo empezaba a reaccionar de forma involuntaria: palpitaciones, sudores, náuseas, mareos, nerviosismo, sensación de ahogo.

Durante años me dijeron que eran rarezas, manías o tonterías mías. Hasta que descubrí que tenían nombre: Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple (SQM). Esto no hizo que la convivencia conmigo fuera más fácil, porque la situación no cambiaba y mi entorno seguía influenciado por ello, así que tienen mucha paciencia con mi situación, porque tanto en casa como mis personas más cercanas conocen mis crisis de asfixia, angustia y toda la lista de síntomas que pueden aparecer con el simple hecho de entrar en el coche con una amiga acicalada con su mejor colonia, perfuma e incluso desodorante. Cierto… complicada la situación.

Así que hoy, desde mi experiencia personal y profesional después de haber atendido a muchisimas personas con mi misma situación, vamos a mirar que ocurre y cómo hacer que esta situación sea más liviana. 

Por cierto, 37 años a dia de hoy como terapeuta y mi pregunta es: ¿porqué no he consultado aún a ningún hombre o niño? Solo mujeres de menor o mayor edad, aunque solo eso, mujeres. Esto sería otro tema a valorar. Sigo

Qué es el SQM

El Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple es un cuadro en el que aparecen síntomas físicos reproducibles ante exposiciones a olores y sustancias a niveles que la mayoría de personas tolera sin problema: perfumes, productos de limpieza, humos, disolventes, ambientadores. Los síntomas mejoran al alejarte del desencadenante y pueden afectar a varios sistemas a la vez: palpitaciones, sudoración, náuseas, mareos, dolor de cabeza, sensación de ahogo, niebla mental, fatiga.

Hay una confusión muy frecuente que quiero aclarar: la intolerancia a un olor no significa que no te guste. Significa que tu cuerpo se descompensa y no puedes controlarlo. Es una reacción involuntaria. Según su intensidad, puede llegar a invalidar la vida diaria.

No existe una prueba analítica específica. El diagnóstico es clínico y pasa por descartar otras causas, por eso siempre recomiendo una valoración médica antes de dar por hecho que se trata de SQM.

Qué lo causa

No hay una causa única demostrada. El modelo más aceptado habla de dos fases: una sensibilización (una exposición intensa o sostenida, una infección, un periodo de estrés prolongado) y un desencadenamiento posterior con dosis cada vez más bajas. Los mecanismos que la investigación señala son:

  • Hiperreactividad del circuito olfativo-límbico.
  • Sensibilización del sistema nervioso y de las vías de la inflamación neurogénica.
  • Menor capacidad de detoxificación hepática, con variantes genéticas implicadas.
  • Desregulación del sistema nervioso autónomo.

El sistema nervioso y emocional: el amplificador

El olfato es el único sentido que llega directo a la amígdala y al hipotálamo, las zonas que gestionan la alarma y la emoción.  Por eso un olor puede activar el cuerpo antes de que lo pienses.

Cuando el sistema nervioso vive en alerta, el umbral de tolerancia baja. Se forma un círculo: el olor provoca una reacción física, la reacción genera miedo a que se repita, el miedo mantiene la activación, y la activación agrava los síntomas. Además, el cerebro aprende y asocia: un lugar, una persona o una situación pueden acabar disparando la respuesta.

 

Lo importante: esto no significa que el síndrome sea psicológico. Los síntomas son físicos y reales. Lo emocional no los inventa, regula el umbral desde el que se disparan.

 

Síntomas del SQM

Cada persona tiene un cuadro distinto y puede combinar varios sistemas a la vez.

 

Neurológicos y cognitivos

  • Dolor de cabeza y migraña
  • Mareo y vértigo
  • Niebla mental
  • Dificultad para concentrarse
  • Problemas de memoria
  • Hormigueos y temblores

Cardiovasculares y autonómicos

  • Palpitaciones y taquicardia
  • Opresión en el pecho
  • Sudoración
  • Sofocos y escalofríos
  • Cambios de tensión
  • Manos y pies fríos

Respiratorios

  • Sensación de ahogo
  • Dificultad para respirar
  • Tos
  • Opresión de garganta
  • Congestión nasal
  • Irritación de nariz y garganta

Digestivos

 

  • Náuseas y vómitos
  • Dolor abdominal
  • Hinchazón
  • Diarrea o estreñimiento, hasta llegar al no control de los esfínteres.
  • Sabor metálico en la boca

Piel y mucosas

  • Picor y enrojecimiento
  • Urticaria y eccemas
  • Sequedad de piel y boca
  • Ojos irritados o llorosos

Musculares y articulares

 

  • Dolor muscular y articular
  • Rigidez
  • Debilidad

Generales

  • Fatiga y cansancio extremo
  • Malestar general
  • Trastornos del sueño
  • Intolerancia al frío o al calor

Emocionales

 

  • Nerviosismo y ansiedad
  • Irritabilidad
  • Labilidad emocional
  • Bajo estado de ánimo
  • Miedo anticipatorio a la exposición
  • Sensación de irrealidad

Sensoriales

  • Hipersensibilidad a olores, ruidos, luz, sabores y contacto físico

Cuadros que suelen coincidir: fibromialgia y síndrome de fatiga crónica comparten con el SQM buena parte de estos síntomas y aparecen juntos con frecuencia.

Estos síntomas son inespecíficos: también pueden tener otras causas. Lo que orienta hacia el SQM es el patrón, con síntomas que aparecen ante los mismos desencadenantes y mejoran al alejarse de ellos.

 

SQM y personas PAS

 

Desde mi experiencia clínica, el SQM es muy frecuente en personas altamente sensibles (PAS). Son personas que procesan la vida de una forma muy propia y sutil, con una sensibilidad llevada al extremo, y esa manera de percibir también se expresa en el cuerpo: intolerancia a olores, a ruidos, a ciertos contactos, con una gran variedad de síntomas de mayor o menor gravedad.

Para mí, trabajar el SQM en una persona PAS es trabajar a la vez el cuerpo, el sistema nervioso y la forma en que vive y siente.

 

Herramientas naturales

Regulación del sistema nervioso

  • Respiración lenta con espiración larga: 5 minutos, dos o tres veces al día.
  • Coherencia cardíaca (unas 6 respiraciones por minuto durante 5 minutos).
  • Descanso regular, contacto con la naturaleza y momentos sin estímulos.
  • Acupuntura, que utilizo en consulta para equilibrar el sistema nervioso.

Alimentación

  • Comida fresca, de temporada y ecológica cuando sea posible, con base vegetal y antiinflamatoria.
  • Incorpora en tu alimentación algas, estas ayudan a eliminar metales pesados.
  • Reducir ultraprocesados, aditivos, azúcar, alcohol y cafeína, que activan el sistema nervioso.
  • Evitar todo alimento en la que su presentación es en plásticos y latas.
  • Apoyo hepático con crucíferas (brócoli, coles) y alimentos amargos.
  • Magnesio (semillas de calabaza, almendras, hojas verdes) y omega-3 (pescado azul, nueces, lino).
  • Comer a horas regulares, porque los bajones de glucosa empeoran los síntomas.
  • Llevar un diario de síntomas para identificar tus desencadenantes.

Aseo personal y hogar

  • Productos sin perfume sintético: jabón neutro, desodorante y cosmética sin fragancia. Leer etiquetas y evitar «parfum».
  • Fuera ambientadores, velas aromáticas y suavizantes.
  • Los aceites esenciales puros pueden ser una alternativa a los perfumes y aromas que nos acompañan. Mejor un solo aceite cada vez, 100 % puro, muy diluido en aceite vegetal y probado primero en poca cantidad. Yo personalmente utilizo directamente como perfume el aceite esencial de pachuli, “ una sola gota” es lo que hace en mi un olor identificativo.
  • Limpieza en cas con bicarbonato, jabón neutro, ácido cítrico o vinagre diluido y lo acompaño con aceites esenciales para que el aroma sea a limpio.
  • Ventilar a diario, lavar la ropa y los textiles nuevos antes de usarlos y airear los muebles nuevos.

Homeopatía

En homeopatía no hay un remedio para el SQM, hay un remedio para cada persona y como lo manifiesta. En mi experiencia clínica, Sepia, Staphysagria y Pulsatilla pueden ser grandes aliados y los más frecuentes, según el cuadro de cada una:

  • Sepia: cuando hay agotamiento, hipersensibilidad a los olores y cierta desconexión emocional.
  • Staphysagria: cuando la sensibilidad viene con emociones contenidas, dificultad para expresar y una indignación que se guarda.
  • Pulsatilla: cuando predominan la emotividad, la necesidad de consuelo y unos síntomas cambiantes que mejoran al aire libre.

La elección y la potencia dependen de la persona, por eso no recomiendo automedicarse y sí una valoración individual en consulta.

Fitoterapia

  • Infusiones de melisa, tila, pasiflora o manzanilla para calmar el sistema nervioso.
  • Cardo mariano, alcachofa o diente de león como apoyo hepático.
  • Consulta antes si tomas medicación (ansiolíticos, antidepresivos, anticoagulantes) o estás embarazada, porque algunas plantas interactúan.
  • Si tus sintomas cambian dependiendo del estado de ánimo toma ashwagandha.

  

Un consejo personal: pide ayuda a tu entorno

Permíteme un consejo personal: pide ayuda a tu entorno y comunícalo, como hago yo, que necesito que las personas que conviven conmigo no lleven perfume y que tengan cuidado con sus productos de higiene personal, porque hasta un gel de ducha puede llevarnos a una crisis.

Y sí, nos ven como histéricas/os y caprichosas/os que condicionan a su alrededor. No es así: es nuestro sistema nervioso quien nos grita y toma el control.

Por supuesto, no todo el mundo lo entiende ni lo acepta y en ese caso, quizás hay que valorar si esas personas forman parte de las cosas que no nos hacen bien y no porque no sean las correctas, ni malas, ni tóxicas, sino por incompatibles con esa o con nuestra condición.

 

Si te reconoces en lo que cuento, no son rarezas ni tonterías. Tiene nombre, tiene explicación y se puede acompañar. Si quieres que lo trabajemos, puedes reservar una consulta conmigo, presencial u online.